
México en pedazos a 23 años de su derrumbe.
Manejaba mi coche rumbo Cuernavaca después del puente del 15 y 16 de septiembre. Parada en el tráfico de la ciudad más congestionada del planeta, me puse a reflexionar acerca de lo que sucede en nuestro país.
Imagino que todos estamos enterados de los “actos terroristas” del día de la Independencia en Morelia, Michoacán donde un alguien, aún no sabemos quién, atentó contra personas inocentes dejando como resultado siete muertos y 132 heridos. Las últimas noticias detallan que los atacantes usaron disfraz de policías y huyeron en vehículos con placas de Jalisco. Se cree que son de una organización criminal conocida como La Familia.
¡Qué terrible noticia! ¿Cómo pueden suceder este tipo de situaciones? -Eso es lo que deberíamos decir todos los mexicanos, pero a estas alturas ya nada nos sorprende. Cada día escuchamos algo nuevo; los 24 muertos en la Marquesa, los decapitados en Yucatán y más historias macabras que parecen convertirse en algo común y corriente de la realidad mexicana.
Coincidentemente hoy, hace 23 años, la Ciudad de México se cayó casi completa. El dolor y la tragedia invadieron la población, pero de esa desgracia surgió la más grande cooperación ciudadana antes vista en la historia de este país. Cada mexicano aportó algo para apoyar al rescate de la capital enterrada bajo cascajos y ruinas. La contribución de todos logró la reconstrucción casi de cero de una metrópoli despedazada.
Hoy, así como hace dos décadas, México está destrozado, la iniquidad, la corrupción, la inseguridad y la violencia han derrumbado los cimientos de la justicia, que ya de por sí eran blandos. ¿Será que nos hemos vuelto tan individualistas que no nos importa nada mientras no nos suceda a nosotros? ¿Por qué ya no somos solidarios en las tragedias? ¿Qué lo que vivimos no es una pesadilla?
El periférico avanzó nuevamente y yo aceleré el motor rebasando por el carril izquierdo, iba rumbo a Viaducto Tlalpan, el ruido de la sirena de una ambulancia me hizo volver a la derecha a menor velocidad. ¿Qué si hubiera sido un oficial de tránsito? ¿Y si me hubiera detenido y multado por alta velocidad? ¿Le habría dado una mordida?
Descubrí entonces que es muy fácil hablar, pensar, quejarse de los gobernantes, opinar de todo, seguir hablando y no hacer nada al respecto. ¿Cooperar? Si, pero más bien para favorecer que la situación siga como está. Claro, sería más fácil volver a Cuernavaca con doscientos pesos menos en la cartera que pagar la multa correspondiente. Pero ¿qué es lo que una buena ciudadana haría?
La indiferencia con la que vemos lo que sucede en el país, lo que ha ocurrido en Morelia y en muchas otras partes, es nuestra peor enemiga. Dejar todo para “al ratito” es lo más sencillo pero cuando lo asimilemos será demasiado tarde. Será tarde cuando la víctima sea uno de nosotros, cuando desaparezcamos en el estallido de una bomba.
México se cayó y se levantó desde los escombros a causa de un terremoto que sacudió la gran ciudad. La situación actual del país también es un fenómeno, de otra índole, pero es un acontecimiento que sacude día con día el patrimonio que conocemos y que hemos de heredar a nuestros hijos. No debemos dejar que se destruya. Ser indiferentes es como quedarse parado frente a un edificio derrumbado con sobrevivientes entre los escombros. Ser mexicano va más allá de salir un día en particular del año y pensar que México es solo fiesta. Un mexicano es honesto y cooperador, es humilde y trabajador, es alegre y también amiguero. Un mexicano de verdad sabe que ¡Sí se puede! ¡Podemos juntos!
Entrando a Viaducto Tlalpan concluí que de haber sido una patrulla la que sonaba su sirena, en lugar de una ambulancia, yo hubiera actuado como me correspondía actuar, honestamente acatando mis responsabilidades y pagando mi multa en caso de ser necesario. ¿Qué hubieras hecho tú?
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